jueves, 13 de junio de 2013

Mary Rose Museum


Historic Dockyard - Southamton
Reino Unido

http://www.historicdockyard.co.uk/maryrose2013/

No es que el HMS Victory nos traiga buenos recuerdos a los españoles. Todo lo contrario, pero es un barco magnífico. Fue el buque insignia de la armada inglesa en la batalla de Trafalgar, el barco que mandaba Nelson. Pero fue y sigue siendo el ejemplo singular de un buque de guerra de finales
del siglo XVIII.

Los españoles perdimos la batalla a pesar de haber dado muestras de heroísmo.  Y los ingleses que la ganaron elevaron casi a los altares el barco que encabezó la proeza, lo restauraron y lo convirtieron en un monumento nacional.
Pragmáticos como son, en el folleto que se entrega a los visitantes avisan de algunos de los secretos de la victoria inglesa sin exagerar en lo del heroísmo. Cuentan que mientras muchos de los combatientes españoles eran convictos, los ingleses confiaron la batalla a marinos profesionales. Y cuentan también -y hablo de memoria- que mientras el buque insignia español necesitaba algo más de tres minutos para disparar cada cañón, el ritmo de los artilleros ingleses era de un minuto y medio.

Anécdotas aparte, el  Victory es una preciosidad y una lección de historia. De historia y de cómo debió ser la vida en el mar y las batallas a bordo de un gran barco cuando justo acababa de empezar el siglo XIX. Hay que visitarlo.

Pero junto al Victory, se ha
inaugurado en mayo 2013 un nuevo museo dedicado al Mary Rose, un barco también singular de la época Tudor. El museo sorprende a primera vista como un alarde de arquitectura. Su forma elíptica, el exterior en madera y sus perfiles curvos asemejan las formas redondeadas de un barco,
esta vez varado en el mismo muelle.

El Mary Rose tuvo el privilegio de ser durante 33 años la nave real de Enrique VIII, aunque acabó naufragando  y pasó en el fondo del mar 437 años antes de ser rescatado. El museo que se ha inaugurado
ahora guarda los restos del histórico buque y trata, lo mismo que el Victory, de acercar al visitante a lo que era embarcarse unos siglos atrás y hacer la vida en condiciones difíciles surcando los mares.

Southampton, con una fortísima tradición marinera,
espera a los visitantes y los sorprenderá con este nuevo museo, de concepción muy moderna y con una presentación magnífica de la colección que expone.

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martes, 21 de mayo de 2013

Fuerte de Thula


Thula - Yemen

Aproximadamente a 50km de Sanaa, la capital de Yemen, se encuentra Thula, una ciudad parada en el tiempo, en medio de un durísimo paisaje de roca. Las casas, de piedra, se asientan sobre una intrincada geografía que da lugar a tortuosos desniveles y a contrastes inverosímiles. Pero no sólo ha sido el relieve el responsable de la configuración apiñada de la ciudad. La historia, conflictiva, hizo de las casas fortalezas cuyos elevados muros ascienden hacia el cielo. Y cuya decoración exterior habla también de una refinada cultura que pudo florecer en el entorno más inhóspito.

Entre las joyas de la ciudad está su fuerte, uno de esos nidos inexpugnables, que pudieron resistir a ataques y asedios y aseguraron el poder de tribus guerreras durante generaciones.

El fuerte de Thula ha sido restaurado y ofrece una imagen impresionante. Se reconstruyeron muros, se arreglaron torres, se consolidaron los complicados caminos que lo comunican con el llano, se reparó el viejo cementerio, se recuperaron vías de agua, la cisterna y la puerta de acceso... Ha sido una obra cuidadosa y agotadora porque se ha efectuado con medios muy parecidos a los que se emplearon siglos atrás en la construcción. Y no podía ser de otra manera porque la localización no facilita el empleo de medios modernos, la materia prima -la roca que se encuentra en el lugar- no da para soluciones imaginativas al gusto de algunos arquitectos y la mayor parte de los trabajadores han sido artesanos locales.

La restauración del fuerte es firme candidata a los premios de arquitectura de la fundación Aga Khan que premian obras muy singulares relacionadas con el mundo musulmán. Y es una noticia extraordinaria porque quedan muy pocos ejemplos de fuertes que han llegado hasta hoy tan íntegros como este en el mundo.

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martes, 23 de abril de 2013

The Blue Planet - Den Blå Planet



Jacob Fortlingsvej 1 - 2770 Kastrup
Copenhague - Dinamarca


www.copenhagenet.dk/cph-map/CPH-Blue-Planet.asp


Poco importa si uno es un amante de la fauna submarina o aficionado a los zoológicos cuando va de viaje. El caso es que ha abierto en Copenhague un acuario, tan extraordinario, que habrá que incluirlo en las visitas a la ciudad con todo el merecimiento.

Situado en una pequeña loma y rodeado de un estanque que predispone al visitante a entrar en contacto con el agua, su arquitectura tiene en el exterior la suavidad de una ola, o mejor de una duna, que se recorta en el cielo dibujando un perfil perfecto con reflejos y cambios de luces sutiles siguiendo sus exquisitas curvaturas y la incidencia de los claros rayos del sol.

El interior, oscuro, recrea la sensación de quien penetra en el agua y se sumerge en una atmósfera de luces suaves teñidas de azul. El resultado no puede ser más espectacular cuando el visitante se adentra en los espacios profundos, debajo de la superficie de una orilla imaginaria. Ventanales enormes ponen a la vista auténticos paisajes marinos a los que dan vida el movimiento armonioso de los peces. Peces grandes y pequeños, además de mamíferos de tamaño y de aspecto inquietantes, que se deslizan rozando el cristal que los separa del público.

Blue Planet es el nombre elegido para el acuario y para el complejo edificio que lo alberga y sorprende. Conviene no olvidarlo porque añade un nuevo y poderoso aliciente para quienes visiten Copenhague.

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miércoles, 20 de marzo de 2013

Palais de Tokyo


13 Avenue du Président Wilson
75116 Paris, Francia

www.palaisdetokyo.com


A cualquier iniciativa le resulta difícil asomar la cabeza entre tantos museos y espacios culturales extraordinarios como tiene París. El Louvre, el Quai d’Orsai, el Quai Branly, el Centro Pompidou entre los de primerísima categoría, o el Guimet de arte oriental o el Picasso entre los de segunda resultan tan espléndidos que cualquier iniciativa que quiera hacerse un hueco a su lado corre el riesgo de pasar desapercibida.

No ha hecho un año de la inauguración oficial del ‘lifting’ del Palais de Tokyo, un espacio dedicado al arte contemporáneo, un centro que da una oportunidad a la experimentación y por ello también al asombro y al rechazo. El Palais de Tokyo se construyó para la Exposición Universal de 1936, aunque con otro nombre, pero con un estilo monumental, un aire poderoso y maneras art-decó. Es un edificio grande, aunque no lo aparenta, porque está en el escarpe que mira al Trocadero y se desarrolla cuesta abajo. Pero el interior es enorme y se ha destinado a llenar un hueco institucional en la agitada vida de la creación artística parisina.

En el interior, la entrada a las salas de exposiciones puede decepcionar porque el arte más actual juega a menudo con la falta de armonía y encaja mal con espacios ordenados. Exposiciones, instalaciones, vacíos, ambientes… se despliegan por las diversas salas del Palais y en sus distintos niveles, en un entorno descarnado, con apariencia de estar en fase de construcción o directamente de ruina en una línea que recuerda a la rehabilitación magnífica que se ha hecho de Matadero de Madrid.
Quien quiera ver algo distinto en París, más allá de las grandes atracciones habituales, y no se asuste por lo que pueda venir de ese filón tan controvertido que es el del arte contemporáneo, celebrará la visita al Palais de Tokyo, que además tiene un restaurante-cafetería bien interesante.

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martes, 29 de enero de 2013

Museo El Eco


Sullivan no. 43, Col. San Rafael
Del. Cuauhtémoc - México D.F.

www.eleco.unam.mx


A veces, lo menos grande reclama tanta atención como lo monumental. Nos referimos a una obra que podríamos llamar sutil y que compite en Ciudad de México con las grandes atracciones culturales capitalinas. Además es un caso de 'regreso'
que sorprende en estos tiempos porque no es el resultado de la iniciativa privada que va al rescate de lo público sino al revés, es la Universidad Autónoma de México quien salva la iniciativa de un mecenas a punto de naufragar. Se trata de la restauración y ampliación del Museo El Eco.


Allá por los años 50 el escultor Mathias Goeritz convenció a Daniel Mont, un próspero hombre de negocios, para construir un museo dedicado al arte más experimental. Goeritz dispuso de plena libertad para el diseño del edificio aunque se apoyó en Barragán, quien aportó
colores y soluciones en una construcción muy singular y que lleva el sello de la mejor arquitectura de la época. Luces, perspectivas, la búsqueda de un ambiente con calidades poéticas, una geometría pensada para generar sensaciones y favorecer la experimentación a la que estaba dedicada el museo fueron la seña de identidad
del edificio.

El caso es que con el tiempo, el museo cayó en desuso y el singular edificio que lo albergaba sufrió toda clase de tropelías. Era una auténtica obra de arte, lo mismo que el museo, a punto de perderse. Finalmente, fue la Universidad quien lo compró.
Restauró el edificio, lo amplió con cuidado y lo adaptó al presente para poner en marcha de nuevo la actividad cultural que justificó su nacimiento. Ahora el museo está abierto a las visitas y ofrece al público un completo programa de exposiciones temporales.

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jueves, 10 de enero de 2013

Up The O2

The O2
Peninsula Square
Londres - Reino Unido


www.theo2.co.uk/upattheo2


Londres tiene la costumbre de reinventarse y de ir sembrando aquí y allá novedades que le añaden atractivos y la rejuvenecen. La última de ellas tiene que ver con el Estadio Olímpico -convertido en espacio para el ocio una vez terminados los juegos- y con su inclusión en el circuito de
las atracciones turísticas novedosas.

Y el atractivo está justamente en que se trata de una verdadera novedad, un concepto insólito que refuerza la idea de Londres como ciudad de sorpresas. Desde hace muy poco tiempo se ha inaugurado
un sendero que discurre por la misma cubierta del estadio. Sujeto mediante cables de acero y construido con una fibra textil de alta resistencia se ha dispuesto un 'camino' que recorre, al aire libre y por el exterior, la cúpula que cubre el estadio.

Los visitantes suben en un pequeño ascensor hasta el techo del edificio, equipados con un traje especial y con un arnés que deberán enganchar  a un cable que desliza a lo largo del camino y que los mantendrá sujetos,  sin riesgo de despeñarse. Luego, solo queda caminar cuesta arriba
primero hasta alcanzar el mirador situado en el punto más alto de la cubierta, a 53 metros del suelo. La vista desde él es espléndida y auténticamente única. Y finalmente habrá que descender por la continuación del camino hasta el otro borde de la cúpula, desde donde se regresa al suelo.

El invento es tan insólito como divertido. Y es una muestra más de ese arranque juvenil que muestra la vieja capital británica y con el que sorprende cada poco a propios y a extraños.

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jueves, 27 de diciembre de 2012

Museo Louvre – Lens


Lens – Nord-Pas de Calais
Francia

www.louvrelens.fr/

Lens, en el norte de Francia, una localidad minera arruinada tras la crisis de  la industria del carbón, ha sabido jugar sus cartas y ha abierto un museo nada menos que con el sello del Louvre.

Hay que explicar las razones para entender que no se
trata de un simple anexo del museo quizás más famoso del mundo. No es un pequeño escaparate de algunos objetos de ‘segunda’ que el museo parisino guarda en su almacén. En el curso de la Revolución, el Louvre nació con el propósito de servir a toda la nación y no solo a la capital. Las colecciones reales y las de la nobleza debían quedar al alcance de todo el pueblo y por ello, en el doscientos aniversario de los hechos de 1789 surgió la idea de abrir un Louvre fuera de París.

Hasta diciembre de 2012 no se hizo realidad este proyecto que marca una época nueva y una mentalidad distinta de la que animó la creación del Louvre original. Lens no está en el centro de Francia, sino a dos pasos de Inglaterra, de Alemania y de Bélgica y Holanda. Mira a
Europa. Tampoco ocupa los locales de un extraordinario palacio, sino un ligero edificio de cristal, diseñado por arquitectos japoneses, y asentado sobre el suelo de escombrera de una vieja mina. Y no se organiza –como el Louvre que conocemos- por épocas y
escuelas. Ofrece una visión transversal del arte con piezas de estilos y procedencias diversas que conviven unas junto a otras para mostrar la belleza y el genio de la creación humana, fuera de la clasificación rígida que las ha separado en la museografía tradicional.

Las mejores obras del Louvre, de forma temporal, se expondrán en Lens, al tiempo que otras exposiciones, de corte monográfico, se organizarán para completar las que proceden de los fondos depositados por el museo
de París.

Seguramente Lens no hubiera figurado en el itinerario de ningún viajero por Francia. Ahora, sin embargo, con el Museo Louvre-Lens se convertirá en una parada casi obligatoria.

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