lunes, 5 de octubre de 2015

Haohan Qiao


P. N. de Shiniuzhai - Hunán - China


Más alto, más largo, más difícil. Aquel paso que pareció de gigante cuando los americanos decidieron poner una pasarela de cristal sobresaliendo de una orilla sobre el Cañón del Colorado ha quedado en un juego de niños.

Lo de ahora es una muestra más de músculo por parte de China y un nuevo ejemplo de que lo de batir récords se ha incorporado a sus proyectos, sean del tipo que sean.

No está claro de si se
trata de un reto al riesgo de infarto o a la tecnología. Lo cierto es que lo de las emociones fuertes se ha convertido en tendencia para los chinos. Se acabó lo de la uniformidad y lo de la mirada ausente de las masas. Ahora la adrenalina manda y en esa especie de deporte
de riesgo que consiste en cruzar un puente, ya no hay límite ni para la edad, ni para nada. Es sólo cuestión de narices.

Dos bloques enormes de roca limitan el cañón de Zhangjiajie que se abre en uno de los valles del parque nacional de
Shiniuzhai, en Hunán. El paisaje es, desde lo alto, sobrecogedor. El relieve tiene la dureza de la roca, en contraste con la vegetación que la cubre en muchas partes. Y juega con la espectacularidad de los grandes desniveles y las
grandes masas de agua que, en forma de presas, ocupan cada uno de los extremos del cañón.

430 metros de largo y 300 de altura aseguran al puente Haohan Qiao el puesto número uno entre los puentes colgantes con suelo de cristal en el mundo y prometen al mismo tiempo una experiencia de vértigo y de espectacularidad para recordar toda la vida.

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lunes, 14 de septiembre de 2015

Garage Museum of Contemporary Art


9/32 Krymsky Val st., 119049, Moscú, Rusia


garageccc.com

En Moscú, en el Gorky Park acaba de abrir sus puertas el nuevo edificio del Garage Museum of Contemporary Art, una obra espectacular de Rem Koolhaas que pone a la capital rusa en la órbita de los museos más modernos del
mundo.

No es que el museo no existiera antes. Dasha Zhucova, galerista, coleccionista -mujer de Roman Abramovich, propietario del Chelsea- había instalado ya en un viejo garage para autobuses de la época
soviética su colección. El primitivo local, un hangar constructivista, formaba parte del catálogo de edificios importantes de Moscú y sobrevivió gracias a esta iniciativa pero se quedó pequeño.

Ahora, en el parque más
famoso de la ciudad se inaugura la nueva instalación en lo que vuelve a ser el aprovechamiento de un edificio antiguo. El nuevo museo fue antes un enorme restaurante que pretendía mostrar que la arquitectura y la modernidad de la vida
soviética no tenían nada que envidiar a las más avanzadas de occidente. Por supuesto, el edificio entró en declive y el restaurante cerró durante muchos años hasta ser rescatado. Ahora su fachada es un verdadero icono de la potencia innovadora
de Rusia. Forrado por una piel de policarbonato traslúcido, cuya continuidad rompen dos enormes puertas deslizables que dejan al descubierto toda la altura del edificio, el nuevo Garage es un hito en la ciudad.

Por dentro conserva la grandeza de los espacios públicos de la era soviética y mantiene también los mosaicos -con palomas de la paz incluidas- que le dan el sabor de una época que colapsó al terminar el siglo pero que queda unida para siempre a la
historia de la ciudad.

El museo guarda una importante colección de arte contemporáneo ruso desde los años 50 hasta hoy. Y, por supuesto, cuenta con un variado programa de exposiciones temporales al más alto nivel.

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jueves, 18 de junio de 2015

Málaga

España

www.malagaturismo.com/

Málaga se ha puesto en el mapa ¡y de qué manera!  Lo ha hecho a base de imaginación, de apostar por la cultura y de voluntad de convertirse en una referencia tan  singular como llamativa.

Empezó por lo evidente:
por recuperar su centro restaurando fachadas y calles y emprendiendo una ingente obra de renovación del pavimento. ¿Renovación del pavimento? Pues sí, una renovación que podría estar próxima al disparate por la calidad y la variedad del
del empedrado que en algún momento raya lo palaciego -materiales nobles y geometrías complejas-, pero que da a la ciudad un tono de sofisticación y de cuidado que se corresponde muy bien con el impecable mantenimiento y con la alegría que muestran los jardines que acompañan la vida de los malagueños.

Pero eso es sólo una parte, porque el plato fuerte está en la colección de museos de primer nivel que Málaga ha ido atrayendo sin descanso en los últimos años. La apuesta ha ido mucho más al fondo que al espectáculo y así se han asentado el Museo Picasso, el Thyssen,
el Pompidou y el del Estado Ruso, por mencionarlos en el orden de su llegada a la ciudad. Y por supuesto ha quedado todavía espacio para otros más, de renovación o creación reciente, como el de la Catedral, el del Automovilismo, el Centro de Arte de la
Tauromaquia, el Centro de Arte Contemporáneo y el nuevo Museo de Bellas Artes que está por inaugurar en el imponente edificio de la Aduana.

Excelentes todos ellos, los más destacados -el Picasso, el Thyssen, el Pompidou y el Ruso- se
muestran de un tamaño más abarcable que el de los enormes museos que han crecido hasta desbordar la capacidad de atención del visitante. Y demuestran la confianza que Málaga ha sabido ganarse en el mundo del arte y entre las instituciones museísticas más
importantes.

Málaga está más en el mapa que nunca y ha tenido el acierto de hacerlo de un modo singular, con determinación y con atrevimiento. Ha convencido a los mejores y ha conseguido
renovar por completo el interés por la ciudad. Tanto los que la conocieron hace unos años como quienes no la visitaron nunca tienen ahora una cita más que justificada con Málaga y la mejor excusa para dedicarle unos días.

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lunes, 25 de mayo de 2015

Giardino dei Tarocchi


Loc. Garavicchio, 58011 Capalbio Grosseto


www.giardinodeitarocchi.it


No acostumbra a llamar la atención uno de los jardines más vitales y alegres de Italia. Los famosos jardines del renacimiento y del barroco parecen llenar el catálogo en el que se inspiran los visitantes y ha dejado en la penumbra al más brillante y llamativo de
todos, el Jardín de los Tarots de Niki de Saint Phalle.

No es la novedad lo que lleva a hablar de él sino su considerable desconocimiento. Se inauguró en 1998 y compone un jardín de esculturas lleno de color y de imaginación que destaca en ese entorno armónico y rico en suaves matices que es la Toscana.

Niki de Saint Phalle, artista franco-norteamericana, provocadora, amiga de las vanguardias, grave en muchas de sus expresiones artísticas, fue creativa y vital en su faceta escultórica y manejó el color y la imaginación para convertir su obra
en una fiesta. En sus grandes esculturas para el exterior la influencia de Gaudí fue manifiesta y le sirvió de soporte para construir mundos llenos de referencias a los que dio vida de forma siempre sorprendente.

El Jardín de los Tarots emerge como un grupo de esculturas monumentales que hacen referencia a las figuras de ese juego esotérico, lleno de arcanos que nos traen noticias de las líneas ocultas que nos
envuelven y condicionan. Un guiño al misterioso jardín de Bomarzo plenea sobre este jardín mucho más actual y luminoso.

Barroco a su manera por la infinita combinación de piezas, colores y formas de las diversas
esculturas, lleno de sugerencias por la desbordante imaginación que desvela, sorprendente en cada rincón y en cada detalle, el Giardino dei Tarocchi será un argumento excelente para salirse de los itinerarios más transitados de la Toscana y descubrir un atractivo adicional en esta  región llena de tesoros.

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jueves, 7 de mayo de 2015

Whitney Museum of American Art

99 Gansevoort Street, New York, NY 10014
Estados Unidos

whitney.org

Un potente edificio blanco y acristalado se eleva en Manhattan a orillas del Hudson. Acaba de inaugurarse y es la nueva sede del Whitney Museum.

El Whitney figuraba ya entre los grandes museos de Nueva York y
era una referencia para el arte contemporáneo. Todos los artistas más importantes norteamericanos, sobre todo pintores, estaban representados en el museo con cuadros de gran formato, siempre extraordinarios. El Whitney era un clásico en el Upper East Side, instalado en un edificio rotundo que los arquitectos definieron como 'brutalista' y que marcaba la sólida voluntad de representar a la vanguardia.


Una larga espera ha hecho falta para encontrar una nueva sede. Una sede de la que se venía hablando desde hace muchos años, y que el museo precisaba porque su colección no dejaba de crecer. Renzo Piano fue el arquitecto elegido para un proyecto que
resulta de entrada una excepción. A diferencia del antiguo Whitney, o del Guggenheim, el nuevo edificio no resulta espectacular. Casi defrauda con su carácter indefinido y por un aspecto que bien pudiera ser de unas oficinas o de un moderno edificio
industrial.

Pero ese ha sido el mérito de los arquitectos y de quienes eligieron el proyecto, porque el nuevo Whitney apuesta más por el interior y por el arte que encierra que por la envoltura para la que no se busca un
relieve especial. En cambio, con su diseño se pretende romper la barrera fuera/dentro para forzar que la calle entre en el museo y éste se desplace hacia el exterior. Por supuesto, todo un abanico de recursos se ha dispuesto para hacer más fácil la
configuración de paredes, la transición hacia el espacio abierto, la iluminación y la comodidad de la visita.

Y en todo ello, el emplazamiento tampoco es un azar dado que el museo se sitúa en el
curso de la celebrada pasarela que sustituye una antigua linea de ferrocarril elevado. Una pasarela que ha convertido la inútil estructura de hierro en un magnífico paseo que recorre, suspendido en lo alto, una buena parte de la orilla del Hudson. Si el antiguo barrio de la carne, el Meatpacking
District donde se ha consturido el edificio, quería despegar tras una ingente remodelación y un buen lavado de cara para convertirse en un foco de modernidad, el Whitney ha supuesto una contribución decisiva y un valioso aporte.


¿Y del antiguo edificio, qué queda? El antiguo edificio, que sigue siendo un hito para la vida de Nueva York, permanecerá cerrado un par de años. Pero no se perderá ni romperá con
su tradición porque el Metropolitan Museum piensa abrir en él una nueva sección para exponer una parte de su colección de arte contemporáneo.

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martes, 7 de abril de 2015

Corning Museum of Glass


1 Museum Way, Corning NY 14830
Estados Unidos

www.cmog.org

Corning es uno de los grandes fabricantes de cristal. De cristal clásico y del que se utiliza en aplicaciones de las tecnologías más avanzadas. Junto a sus instalaciones industriales, en el estado de Nueva York, ha creado un museo
dedicado al cristal que es, quizás, el más importante del mundo y que acaba de inaugurar una ala dedicada en exclusiva a piezas de diseño y arte contemporáneos.

El cristal, y más aún el moderno, no es un material que suela
ocupar grandes espacios en los museos convencionales ni tampoco en el interés de quienes los visitan. Y sin embargo es un material espléndido cuya ductilidad y capacidad para jugar con la luz ha dado lugar a lo largo de la historia a piezas de una sensibilidad extrema.

El ala nueva del museo Corning expresa esa fuga hacia la perfección y hacia la ligereza que el cristal representa mejor que cualquier otra materia. Los edificios que componen el museo y los que lo acompañan son por sí mismos obras relevantes en la
arquitectura de cristal. Pero el ala nueva no ha apostado por la transparencia sino por la veladura de un blanco impoluto y en un diseño de geometría estricta y mínima que refleja secreta la grandeza de lo sutil.

El interior de esta nueva
ala ha cuidado la iluminación de forma exquisita para crear una atmósfera limpia y transparente donde los matices de luz de las obras expuestas resaltan a la perfección.

Pero un museo tan cuidado no está hecho sólo para
la contemplación. A su lado se levanta una gran estructura para la fabricación de vidrio soplado que permite presenciar el trabajo real que convierte la pasta fundida en piezas terminadas. Y el museo ofrece también a los visitantes la posibilidad
de gozar de la experiencia de fabricar el propio cristal en talleres especialmente preparados para ello.

La visita al Corning Museum of Glass obliga a salir de la ciudad de Nueva York. Ese puede ser un pequeño
inconveniente. El museo se encuentra a cuatro horas y media en coche de la Gran Manzana, en el camino hacia las cataratas del Niágara. Es verdad que está un poco lejos, pero merece la pena llegar hasta él para conocer una colección y unas instalaciones únicas en el mundo.

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